Procesiones bajo sospecha: el Ministerio advierte sobre su “impacto normativo

El Ministerio de la Multiculturalidad quiere ponerle filtros a las procesiones de Semana Santa para mejorar su “adaptabilidad simbólica”, una forma sutil de decir que tanta multitud provoca ruido doctrinal y de tambor.
“El catolicismo lleva unos cuantos siglos ocupando calles, plazas y agendas festivas generando una normalización doctrinal”, asegura el Ministerio.

El informe asegura además que no van contra la fe, pero sí contra eso de sacar santos XXL, bandas a todo volumen y la ciudad paralizada “como si fuera lo normal”. Según el texto, todo ese despliegue puede empujar sin querer a menores y no creyentes a cosas gravísimas como casarse por la Iglesia, confesarse o saludar al cura por la calle sin trauma previo.

La solución oficial no es prohibir, sino “relocalizar”. En términos claros: que las procesiones se queden dentro de la iglesia o, mejor aún, en el móvil. Se proponen versiones en streaming, rezos coordinados por WhatsApp, aprovechar la era digital para que la gente pueda mantener la tradición desde su casa y no obliguen a los demás a verla.

Los críticos dicen que eso es como clausurar la primavera por exceso de flores… Mientras tanto, los costaleros siguen ensayando. No saben si este año, además de cargar con el peso del paso, tendrán que cargar con el peso de una norma que les pide, antes de salir a la calle, un permiso nuevo: el de renunciar a su fe.